LA TUTORÍA, ASIGNATURA PENDIENTE DEL SISTEMA (1)
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La asunción de las siglas “p.a.” –progresa adecuadamente- es una aspiración no del todo conseguida, por el conjunto del sistema educativo. Casi siempre resulta más adecuado lo de “n.m.” –necesita mejorar-. Y una de las mejoras de las que andamos más necesitados es, precisamente, la recuperación y optimización de la tutoría y de manera urgente en la educación secundaria. Justamente porque es donde la dispersión de intervenciones hace más necesaria la coordinación de esfuerzos y el rediseño de la tarea del tutor, que abordamos ahora en una primera entrega. Una tarea –la del tutor o tutora- que ha sido objeto de diversas consideraciones por parte de diferentes autores, como Ángel Lázaro, que se refiere al rol del tutor como pieza clave para el desarrollo personal y de progreso del alumnado, definiendo la tutoría como «...una especial forma de enfocar la relación educativa...» (Lázaro-Martínez, 1991: 9) y añade conceptualizaciones de otros autores, clasificándolas: a) en clave de intervención integradora cerca de un grupo de alumnos (Benavent, 1977); b) atendiendo a su progreso general y a su desarrollo como personas (Burges, 1970); c) atribuyéndole al tutor la atención a la escolarización, a la vocación y a la personalidad de cada alumno (Jones, 1961) o d) focalizando la tarea tutorial en la atención a todo lo relacionado con la orientación del estudiante (Schmalfuss, 1979). En cualquier caso, destaca la dimensión formativa de la intervención del tutor, que intenta equipar a sus alumnos con instrumentos, estrategias y recursos que hacen posible el eslogan de aprender a aprender. De otra parte, está la normativa vigente: la derivada de la LOGSE -Ley Orgánica 1/1990, de Ordenación General del Sistema Educativo- que orienta su preocupación hacia la dimensión educadora de la actuación docente, más allá de la puramente instruccional. Y así, ya en el preámbulo de la norma, se afirma que la nueva ordenación del sistema educativo...«incluye, como parte de la función docente, la tutoría y la orientación y establece el derecho del alumno a recibir ésta, en los campos psicopedagógico y profesional...» Por su parte, el desarrollo de aquel planteamiento, en los Reglamentos Orgánicos de Educación Infantil y Primaria y de Secundaria de cada Comunidad, encaran el tema subrayando, también, la importancia de la tutoría y de la función del profesor o profesora, como tutor. Incluso la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (B.O.E. del 24.12.02), tan contestada en otros aspectos, mantiene la sensibilidad hacia la acción tutorial y atribuye al profesorado, entre otras funciones: «La tutoría de los alumnos en la dirección de su aprendizaje, para transmitirles valores, ayudándoles, en colaboración con los padres, a superar sus dificultades.» (Títol IV, art. 56.d). Es en este contexto normativo –no siempre del mismo signo ideológico, pero siempre coincidente en destacar la importancia de la acción tutorial-, donde Andrés Hernández explica que el sistema educativo ha asumido la tutoría como inherente a la función docente y la define como “el primer nivel de la orientación escolar, en el que se encuentran implicados todos los alumnos” (Hernández-Zalón, 1993). Y Joan Rué, en la misma línea, defiende “la necesidad de reconceptualizar conceptos claves...” (Rué, 1994) y le atribuye, a la acción tutorial, una vocación integradora de la heterogeneidad, funcionalidad y equitatividad en las intervenciones y de coordinación del equipo docente. Esta coordinación es el tema central de la experiencia que explican, al definir la tutoría compartida, Bayot, Masip y Obiol (1994), secuenciando los siguientes momentos de intervención tutorial: conocimiento del alumnado, seguimiento de su proceso educativo y fomento de la integración y orientación continuada. Por su parte Navarro y Pahisa (1994) distinguen, en la intervención tutorial, la que se orienta a cada alumno y la que se dirige al grupo clase. Y en su Proyecto de Acción Tutorial (P.A.T.) se incluyen, también como destinatarios de las actuaciones, al profesorado y las familias. Pero las diferentes intervenciones tutoriales, cobran un sentido distinto, según el momento, la intensidad de la relación y, por descontado, la percepción de cada alumna y cada alumno de aquellas actuaciones. Es lo que explica Pérez Gómez (1983), citando Doyle cuando dice que los profesores, en general, y los tutores, en particular, negocian con los alumnos en el ámbito de la clase y se establecen relaciones de transacción y correlación entre les tareas propuestas, la ocupación de los estudiantes en actividades académicas y los resultados finales obtenidos. Todo un reto.
Dr. Marc Ant. Adell. Universitat de Valencia. FEAE-CV. Fulls d’inspecció núm. 4, desembre 2004, pàg. 7. |