Pacto por la Educación


Pedro Navareño Pinadero

DESDE que inicié la preparación de este artículo se han publicado varios relacionados con el mismo tema, lo que pone de manifiesto la gran inquietud que existe en estos momentos entre los profesionales de la enseñanza y la propia sociedad en relación a lo que será el futuro de la educación en nuestro país. Pero en todos ellos, como denominador común, se pide que se aprenda de los errores pasados y no se haga una nueva reforma educativa que nazca con fecha de caducidad, porque si algo se comparte en todas las opiniones es la necesidad de llegar a unos acuerdos básicos que nos den seguridad, tranquilidad y sosiego para trabajar en un sistema educativo estable y coherente con las necesidades de los ciudadanos, en el que las instituciones asuman sus competencias en los respectivos ámbitos, respetándose mutuamente. Pues estamos hablando de un tema de interés nacional, un asunto de estado que prefieren decir otros, tan importante como puede ser la política exterior o la antiterrorista. Sabiendo además que de la sociedad del futuro depende el que mañana nuestros alumnos tengan capacidad de negociar y llegar a acuerdos para establecer caminos en una sociedad que cada día será más compleja y, por tanto, necesitará más del saber vivir juntos y el aprender a aprender.

Por todo ello, si miramos hacía atrás vemos que desde la aprobación de la LOGSE, se han vertido verdaderos ríos de tinta a favor y en contra de ella, bien es verdad que, unas veces, para defender intereses personales y poco consistentes, en otras ocasiones simplemente para decir lo que cada uno piensa que es un ejercicio legítimo y sano, y en otros casos se han hecho críticas fundamentadas, a favor y en contra, que nos han hecho pensar a todos los que nos movemos en este mundo de la educación y nos han enriquecido al ayudarnos a ver ángulos que no habíamos observado anteriormente.

También sería necesario decir que, en muchas ocasiones, opinamos sin tener un conocimiento profundo sobre el asunto en cuestión y por tanto, esa información sólo aporta ruido y distorsiona el debate de fondo, por esa razón es necesario valorar con cierta cautela cualquier opinión y contextualizarla en el tiempo y en el espacio para poder comprender adecuadamente su significado.

En estos momentos, en los que con los resultados de las últimas elecciones generales nos enfrentamos a una nueva reforma educativa, sería conveniente que se tuvieran presente las enseñanzas del pasado más inmediato, para, en la medida de lo posible, nos evitáramos esfuerzos y gastos de energías inútiles. Hablamos, pues, de la necesidad de alcanzar el consenso suficiente entre los partidos políticos, los sindicatos, los docentes y la sociedad en general, para que todos los que trabajamos en y para la educación, podamos dormir un poco más tranquilos, sabiendo que mañana, cuando se produzca un nuevo cambio de partido político en el gobierno, vamos a poder seguir trabajando en un sistema estable, congruente y duradero, que nos permita llegar a conocerlo, comprenderlo y aplicarlo de manera coherente, además de contar con los recursos suficientes. Sin olvidar que la actualización y la modernización progresiva de los sistemas son necesarias y convenientes, pero no lo parecen tanto los cambios bruscos de sistema que tanta inseguridad, incertidumbre e insatisfacción nos crean a todos, y que tiene unos efectos tan nocivos en quienes se ven obligados a cambiar con tanta frecuencia el rumbo de su quehacer profesional.

En estos momentos nos encontramos ante la quinta ley orgánica que regula el derecho a la educación desde la promulgación de nuestra constitución de 1978 (LOECE 1980, LODE 1985, LOGSE 1990, LOPEGCE 1995 y LOCE 2003), y aunque de las cuatro primeras sólo la LOGSE ordenaba de manera general los planes de estudio, las demás regulaban aspectos tan importantes como la participación en los centros educativos o el sistema de elección de directores, lo cual tiene una gran importancia para el funcionamiento de los centros. Y a pesar de estar la última ley en los inicios de su aplicación, como es conocido de todos, ya está anunciada su derogación o modificación, incluso se han levantado voces autonómicas anunciando que no se aplicará en sus territorios, aunque si bien sólo han sido palabras y no existen hechos concretos hasta el momento.

En esta situación parece más necesario que nunca que se llegue a un acuerdo de estado sobre la educación, algunos se atreven a decir constitución educativa -por evocar el espíritu constituyente-, en el que se sienten las bases de un sistema educativo basado en la participación y la responsabilidad de todos, en el que el estado, de acuerdo con las competencias que tiene atribuidas constitucionalmente, desarrolle una normativa básica que asegure la base común y compartida de una educación que se complete y adecue a la idiosincrasia y la tradición cultural de cada comunidad autónoma, que respete los principios constitucionales de un estado de derecho en el que todos tengan un espacio suficiente para desarrollar sus inquietudes y en el que todos podamos ejercer nuestros derechos sin menoscabo alguno.

En definitiva, abogamos por un sistema educativo que no dependa de los resultados electorales, que desarrolle una estructura básica común y aceptada en la que las energías y los esfuerzos de todos se dirijan a dar una formación de calidad a los ciudadanos dentro de la pluralidad de naciones que conforman un país como el nuestro, moderno y comprometido con el futuro e integrado en Europa. Una Europa integrada que debe mirar y ponerse a trabajar con los países más necesitados, para buscar un reparto más justo de la riqueza y el desarrollo de sociedades en las que los derechos fundamentales sean la base de la convivencia y la garantía de que avanzamos en la construcción de una sociedad en la que la pobreza y la ignorancia son sustituidas progresivamente por el bienestar social, el conocimiento y la toma de conciencia, por parte de todos, de los derechos y deberes que tenemos como ciudadanos del mundo.

PEDRO NAVAREÑO PINADERO es inspector de Educación

PEDRO NAVAREÑO
Inspector de Educación
Vicepresidente de FEAE-España
Artículo publicado en el diario HOY de Extremadura el 4 e mayo de 2004