Educar significa integrar

CUANDO el año europeo de la discapacidad se aproxima a su final y, además tenemos encima de la mesa una ley orgánica pendiente de ser desarrollada y que plantea fuertes cambios de orientación en el tratamiento de la gran diversidad de alumnos que se escolarizan en nuestros centros, parece un buen momento para reflexionar sobre educación e integración educativa y social.

Educar en un sentido puro significa formar de manera integral todas las capacidades que posee el ser humano, cognitivas, afectivas, motrices, de relación e inserción social. Por tanto no es sólo lo cognitivo lo que debe preocupar a padres y docentes, es más, existe una alta relación entre capacidades que nos indica que resulta difícil desarrollar cualquiera de ellas si no es con una atención adecuada a las demás.

En una sociedad tan plural como la nuestra no es posible entender la educación en un ambiente escolar de exclusión en el que los alumnos asistan a centros o estén dentro de ellos clasificados por su origen social, por sus capacidades personales o por cualquier otra razón, pues la sociedad en la que han de integrarse les va a exigir conocer y respetar la diversidad social en toda su extensión. Y no podemos respetar aquello que no conocemos verdaderamente, ya que en ausencia de conocimiento suelen funcionar los estereotipos y los prejuicios sociales que ayudan poco a generar confianza y respeto en quienes actían basándose en ellos.

Por otro lado, existen, en relación con la atención a la diversidad en su más amplio sentido educativo, grandes acuerdos formales a la hora de expresarnos, es decir, es difícil que alguien no comparta y defienda públicamente los preceptos recogidos en nuestra Carta Magna y en la Carta de Derechos Humanos y de los Niños, pero, sin embargo, son muy diferentes las formas y modos cómo cada cual entiende que debe cumplirse con ese derecho fundamental que tienen todos a ser educados. Podríamos decir que existe un gran cinismo social y político cuando se habla públicamente de estos temas, ya que ello contrasta con la realidad que es fácil de constatar cuando se analizan detenidamente los desarrollos normativos y las prácticas de las políticas educativas, y a otro nivel, pero que también es fundamental tener presente, se puede comprobar en las actuaciones y decisiones que tomamos cada uno en el día a día en el desempeño de nuestras responsabilidades profesionales y laborales.

En ese contexto, hoy probablemente más que nunca, debemos trabajar para que educar signifique integrar y no lo entendamos como segregar, marginar, clasificar, etc. y todo esto lo decimos desde el convencimiento y el conocimiento de las malas prácticas segregadoras que se llevan a cabo desde distintas instituciones y responsables en muchos ámbitos como es fácil comprobar con la lectura de la prensa diaria, donde no es difícil encontrar denuncias de estos casos, pero aún es más sencillo mirar cada uno a su alrededor y reflexionar un momento en la forma en que tratamos a las personas en función de su estatus social, de su raza, de sus características personales o de su religión. Y aquí habría que decir y aplicar lo que siempre me recordaba mi padre: "hijo, en educación sólo se tiene la que se demuestra en la práctica", es decir nadie es progresista o conservador por llevar símbolos externos o por tener afiliación política o religiosa determinada y cumplir con preceptos sociales o religiosos, pues educar para integrar exige y significa mucho más que tener una etiqueta o unas creencias, significa atender a cada uno según sus necesidades para que se cumpla el derecho de poder aspirar todos a conseguir las mismas metas, recibiendo de la sociedad los recursos necesarios para poder alcanzar el más alto nivel de desarrollo según las posibilidades personales. Educar para integrar significa enseñar a crecer juntos en el respeto, en la solidaridad y la convivencia pacífica que nos proporcione el conocimiento suficiente de los otros para saber que todos somos diferentes pero igualmente personas con ilusiones, con deseos de felicidad y de alcanzar metas, metas que podemos alcanzar solo conviviendo con los demás no aislados y marginados, porque entonces, a esos individuos les estamos condenando a no contar con nosotros, les estamos excluyendo de la riqueza de la diversidad que es la esencia del desarrollo humano.

Valores implícitos

Pero la integración no es sólo beneficiosa para los que nos consideramos normales y aceptamos a los demás. Además de un derecho, la integración guarda valores implúcitos que con frecuencia, incluso aquellos que los reciben ignoran sus beneficios, me refiero a la importancia que tiene, para una educación en su más amplio sentido de la palabra, la presencia en un centro educativo y en las aulas personas que profesan otras religiones, que pertenecen a otras culturas, que tienen otras características personales, que tienen otra raza o que simplemente son más pobres o más ricos que nosotros y eso les ha colocado en otro estatus social. Ellos, unos y otros, con su presencia nos pueden ayudar a comprender el mundo en el que nos ha tocado vivir, ellos como nadie nos podrán dar las claves para conocer los valores humanos y morales que merece la pena conocer y practicar, ellos como nadie conviviendo con nosotros nos podrán demostrar sus sentimientos, sus formas de vida, su amistad, y esa convivencia nos podrá enseñar a forjar una sociedad más justa, más solidaria y con un futuro mejor para todos, donde las diferencias no sean ventajas insalvables y motivo de rechazo y marginación, sino motivo de enriquecimiento y aceptación de una diversidad que está en la esencia de todos nosotros, pues todos tenemos discapacidades, necesidades educativas y sociales de muy diferente índole, todos presentamos desventajas en algo, en definitiva la diferencia es rica y beneficiosa cuando sabemos mirar a los demás desde la generosidad, la comprensión y el respeto a los derechos humanos. Pues todos juntos conformamos esta sociedad que será cada vez más diversa y rica si educamos integrando o más segregadora, insolidaria, injusta y llena de riesgos y peligros para todos si seguimos marginando. Pues aún no se han descubierto las gafas de discriminación social que nos permitan ir por la vida viendo sólo aquello que consideramos socialmente aceptable, ni la vacuna que nos haga inmunes a las actuaciones de los marginados sociales, a los cuales rechazamos por sus conductas antisociales, sin pensar que un día pudimos aceptarles y no lo hicimos.

Pero que nadie crea que esto es sencillo, que nadie piense que esto si no se cumple es por culpa de los políticos o de los maestros y profesores, o de los padres, esto es una responsabilidad compartida. Y para poder avanzar nada como contar con un marco jurídico y normativo que dasafortunadamente la LOCE creemos sinceramente que no lo proporciona en la medida que lo hacía la LOGSE, aunque esta última tuviera defectos por todos aceptados y reconocidos, pero desde luego no encontramos en nuestra cuarta ley orgánica de educación de la etapa democrática los planteamientos ni las justificaciones necesarias para poder trabajar en toda la medida que consideramos necesario que habría que hacerlo. No obstante, y como no podría ser de otra manera, en un estado de derecho debemos no sólo acatar las normas, sino que además en el campo administrativo y como funcionarios debemos hacer cuanto esté en nuestra responsabilidad para que la ley se cumpla, aunque vaya en contra de nuestras opiniones o pareceres, de lo contrario estaremos incumpliendo con nuestro deber. Aunque en el terreno de la participación política, sindical o social uno pueda defender otros planteamientos, que es justamente lo que hacemos con este artículo.

Y para finalizar, podríamos recoger algunas de las respuestas que nos ofrecía el profesor Jesús A. Beltrán, de la Universidad Complutense de Madrid, en una magnifica conferencia pronunciada en el marco de la Conferencia Europea sobre Necesidades Educativas Especiales y Tecnologías de la Información y la Comunicación, celebrada en Madrid los días 23 y 24 de octubre, en ella proponía algunas líneas de actuación que en el contexto de su exposición quedaron plenamente justificadas y que pueden ayudarnos a entender lo que debe ser educar para la diversidad: "convertir la diversidad en el eje del proceso educativo, seguir el paradigma del aprendizaje centrado en el alumno, ofrecer tareas diversas, interpretadas como experiencias de aprendizaje más que como oportunidades de evaluación, revisar el currículo a la luz de la diversidad, formar al profesorado para la diversidad, aprovechar la colaboración del alumno e incorporar a los padres a las tareas de la escuela".

El camino no es fácil, nos exige mucho a todos y en todos los ámbitos, en la medida en que respondamos y según la actitud que tomemos ante este reto así serán los resultados, seguir eludiendo lo obvio sólo ayuda a empeorar la situación. Eduquemos integrando y estaremos en la vía de resolver conflictos que ni con recursos materiales ni de ningún tipo encontraran solución adecuada. Creamos y pensemos en la utopía de un mundo mejor, la educación y la sociedad necesitan todos nuestros esfuerzos y nuestras aportaciones que por pequeñas que nos parezcan todas son necesarias y útiles. Si ha cambiado la forma de aprender de los alumnos también tendremos que cambiar la forma de enseñar.

PEDRO NAVAREÑO
Inspector de Educación
Vicepresidente de FEAE-España
Artículo publicado en el diario HOY de Extremadura el 9 de noviembre de 2003